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Ideario

I. Guerras, crisis y demás catástrofes ajenas a los elementos son consecuencia de la estupidez humana. Terminada la Guerra Fría, el poder cayó en manos de una mediocridad que tiene por valor el dinero. La economía, instrumento de las personas fanáticamente vanidosas, sólo entienden el uso de la fuerza. Si acceden al poder, quieren sentirlo y reprimen. Castigan la inteligencia por temor a la palabra. Matan porque les hace sentirse grandes. Matan a ciegas. Indiscriminadamente. Y nadie se atreve a decirles que dejen de hacerlo, porque les temen. Así entramos en una "guerra caliente". Intermitente pero constante, periférica para los no están en el epicentro, que la genera la prepotencia obtusa de los unos, una prepotencia que genera odio fanático. Un día el fuerte dejará de serlo y entonces lamentará haber creado la medicina, que a su vez, le tocará padecer.

II. La ambición de poder y de consumo destruye el sentido común, impide aplicar la lógica y fomenta la estupidez criminal. Su antídoto es la cultura.

III. Los conocimientos de carácter técnico son una forma de saber, pero no tiene relación con esa cultura, que permite analizar, global o parcialmente a la sociedad. Las causas o motivaciones del comportamiento de sus individuos, las costumbres y tradiciones heredadas, que se llaman cultura, son un reflejo de las formas que conformaron a la sociedad, pero conocerlas o poseerlas, no nos aporta capacidad de análisis ni desarrolla nuestro criterio.

IV. Cultura es la información que nos permite conocer nuestra sociedad, descubrir sus errores y aciertos y establecer juicios utilizando nuestra razón. Cultura es la capacidad de aplicar la lógica y el sentido común a la vida diaria. Se adquiere conociendo lo que pensaron, crearon e hicieron los hombres del pasado. Lo que piensan, crean y hacen nuestros coetáneos. Esta cultura no es coto cerrado de especialistas. Todos deberían poseerla en la medida de sus posibilidades, cualquiera que fuese su profesión o actividad. De la más humilde a la más cotizada. No todos tenemos igual capacidad de captación ni de razonar lógicamente, pero todos poseemos sentido común, estamos en situación de aprender y mejorar en la medida de nuestras posibilidades.

V. Conocer nuestro pasado, nos ayudará a comprender la situación presente y construir el futuro. Esta es una de las razones por la cual es importante conocer nuestra historia, que es la del universo. Pero si lo que aprendemos por historia es falso, nuestras conclusiones serán irremediablemente falsas y nuestro juicio erróneo. Aplicado a la práctica, no provocará el efecto que perseguimos, sino el contrario. Por ello es necesario que nuestro análisis de la historia se base en información veraz, acercándose cuanto sea posible a lo que realmente ocurrió.

VI. Acostumbrados a identificarnos con nuestros pasados, caemos en el vicio de hacer nuestros sus éxitos y fracasos. Es un error, tan grave como el que comete el poder, transformando la historia según conviene a su presente. La falsa historia confunde, haciéndonos retroceder intelectualmente. Producto del pasado, pero no responsables de lo que sucedió; dueños de medios técnicos, que no sabemos utilizar ni aprovechar, estamos más cerca de destruir la vida que de favorecer el desarrollo intelectual del hombre.

VII. De evolucionar positivamente, el ser humano no podrá ser víctima ni portador de avaricia, envidia o deshonestidad. Podremos considerar al hombre racional completo, cuando observe un comportamiento ético. El hombre inteligente y libre, es aquel que sabe distinguir el bien del mal, sin necesidad de código ni normas dictadas; de juzgar la calidad del acto por sus efectos, a corto y largo plazo. Pero esta evolución es imposible en la ignorancia. Esta genera estupidez, que cristaliza en egoísmo. En consecuencia, se ha de procurar difundir esa cultura, que tiene por base el conocimiento de la verdad y a la verdad no se puede acceder sin rigor en el análisis, libertad de información, libertad de expresión, derecho a equivocarse, capacidad para rectificar, escapando al error propio.

VIII. La historia se refleja en la documentación que he procurado conservar en el archivo de la casa de Medina Sidonia, como quisiera conservar todos los del mundo. Porque el hombre no puede evolucionar positivamente y asumir lo nuevo, partiendo del vacío. Para alcanzar lo que otros no lograron, ha de asentarse en un conocimiento sólido del pasado. El presente es la suma de cuanto pensaron, hicieron, encontraron y desearon generaciones sucesivas, de sus éxitos y de sus frustraciones. Esta es la razón que me ha llevado a conservarlo y recrearlo como fue, en la medida de mis fuerzas. Desde que lo heredé supe que me daría bastantes más disgustos que satisfacciones, pero me compensa la idea de que servirá a los demás, como centro difusor de esa cultura que nos enseña a no ser engañados ni engañar; a perder el miedo a la verdad, en el pasado y el presente. La Fundación Casa de Medina se creó por un sueño: que un día el comportamiento ético se haga ley, libremente asumida. Ya sé que seremos pocos, aunque más de los que algunos desean. Sinceramente, creo que a la humanidad, si pretende sobrevivir, no le queda otro camino.

 
 
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