Siglo XVI:
Muerto el duque Juan de Guzmán en 1507, el heredero, Enrique de Guzmán, fue llamado por Fernando el Católico. Detenido en el Alcázar de Sevilla, escapó con ayuda del cuñado, Pedro Girón. No parece que la huída influyese en secuestro general de las fortalezas que tenían los Guzmanes. Enrique reapareció en 1513. Murió en Morón, sin descendencia y con codicilo, dejando por heredera a su hermana Mencía, casada con Pedro Girón. Éste se proclamó duque de Medina Sidonia, tomó posesión de esta ciudad por las buenas e intentó conquistar Sanlúcar. No lo consiguió. Solventando el problema Fernando el Católico casó a su nieta por vía natural, Ana de Aragón, con el hijo del recién fallecido duque, y le devolvió sus castillos.
Muerto Fernando en 1516, el nieto, el emperador Carlos V, exigió impuesto extraordinario, sin pasar por las Cortes. Aún enteros, los castellanos se levantaron formando las Comunidades. Despierto y dúctil, el Emperador rectificó sobre la marcha. Calmados los ánimos en Castilla, no tardaron en seguir las Germanías en Aragón. Agermanado Pedro Girón, por ser los Guzmanes del bando contrario, volvió a las andadas intentando sitiar Sanlúcar por segunda vez. Defendieron los Medina Sidonia sus pueblos y Sevilla, con cargo a su bolsillo. Terminada la guerra facilitaron al Emperador préstamo generoso, que sumado a los gastos produjo agujero, que aconsejó mudar la residencia principal de Sevilla a Sanlúcar. No debió disgustar a la Aragón, pues en 1517 compró casa junto a la familiar, para destinarla a guardarropa.
La mudanza se verificó en 1524. Convertido el palacio en centro neurálgico del "estado", albergó amplias oficinas y vivienda escueta, en la que se alojaron los duques y algún oficial mayor. El resto del personal tuvo casa propia, o se acudió a cama de alquiler, ofrecidas en posadas, mesones y por particulares. O se la buscaron propia. Para las damas se hizo casa adosada, con patio rectangular y rejas de madera. Que hubiese torno para comunicarse con el exterior, no les impedía recibir en el interior. Sancho de Herrera contó, en el marco de pleito matrimonial - los enemigos del Guzmán aprovecharon la ocasión para denunciar al hermano del 5º duque, Juan Alonso y Ana de Aragón, la mujer del duque de mantener relación además de adultera incestuosa - que el duque "tonto" -por definición-, se encargaba de avisar con silbido, de la proximidad de superior quisquilloso, a los caballeros que "holgaban" con las damas. Este anexo se arruinó en el siglo XVIII y parte del solar fue cedido a la Iglesia Mayor, para hacer la Capilla del Sagrario.
La "cuadra" del primero mereció especial atención, quizá por haber nacido en ella Juan Alonso de Guzmán, duque en ejercicio, por ser incapaz su hermano. El Jueves Santo de 1502, estando en la parroquia, la duquesa sintió dolores de parto. Entró en la casa, pero no llegó a la cama. Parió "de súbito", en el suelo de la sala. La sala fue dotada de artesonado renacentista, pintado por Cristóbal de Morales, esclavo liberto, con ayuda de sus hijos. Cuatro columnas sobre marmolillos y remate de madera, evocan las del palacio de Montezuma, descrito por Cortés. La inspiración no es de extrañar. En Sanlúcar vivían indios, libres y esclavos. Los había en casa del duque, algunos regalados por el conquistador, que le dejó la tutela de sus hijas. Fueron probables autores de curioso bargueño; Animales estilizados, adornan los cajones laterales, ocupando los centrales querubín Sobre la fábula de Adán y Eva, indio y conquistador se miran, en eterno desafío.
Ana y Juan Alonso, 6º duque de medina sidonia a partir de 1544, a la muerte de Alonso, hicieron de la "barranca" jardín. Se abrieron veredas, empedraron los caminos y construyeron escaleras que subsisten, Recuperado el trazado, no se ha encontrado el estanque o acequia, habiendo desaparecido castaños y olivos. Trasplantados adultos, en la cuentas se conservan las instrucciones, que acompañaron.
En 1540, Espínola hizo pasadizo, con balcón y acceso a la iglesia, por escalera de caracol. Daba a la capilla del Cristo, habiendo sido tapiada la puerta en el siglo XIX, cuando la "Septembrina" convirtió el templo en casa del pueblo. El aposento de la azotea, estudio del duque Juan Alonso, se convirtió en oratorio, dando pruebas de gusto dudoso los señores de la casa, pues cubrieron el tejado de los “aposentos nuevos”, con azulejos azules. Azulejería adornó pretiles y corredores, cubriendo incluso fachadas, rematadas por gárgolas de cerámica, vidriada en verde. Barandal de hierro plateado remató el muro de contención, que forma el Paseo de los Limones. Se hizo torre y escaleras sobre las Sierpes, bordeadas de piedras de la playa, que se traían en carretas, comprando el duque 10 columnas, que repartió por la casa. En torno a 1539 puso vidriera, con vistas al río, protegida por una reja. Escasa la madera en Andalucía, en las obras se usaba de importación. De roble las vigas más antiguas, posteriormente se utilizó el "pinsapo", conocido por "pino de Flandes", aunque se produjese en el Báltico, importado por flamencos residentes en el puerto de Bonanza.
Tuvo la población red de agua. Y por extensión el palacio. Formaban las cañería tubos de barro, que se hacían en Sevilla, ensamblados con estopa, siendo la atarjea de ladrillo adorno, cuando no conducción de aguas residuales. Paraban en pozo negro, hoy conectado a la red general. En el palacio había aljibes, para recoger el agua de lluvia. Localizados cuatro, dos están en servicio. El uno exterior , el otro interior. En la parte baja pozo antiguo de mareas, comunica con la capa freática, que es subsuelo del pueblo, renueva el agua, permitiendo regar dos horas al día.
Había palomar, que explica la rapidez con que los Guzmanes transmitían avisos de servicio. En prosaico el gallinero engordaban las aves, destinadas al plato, siendo frecuente que conviviesen avestruces. Juan Alonso, VI duque introdujo la afición al pájaro, en especial al canario. Tuvo jaula en su estudio y varias en el exterior, apareciendo en las cuentas especies comunes, cómo la tórtola y exóticas. Por 1550 se abrieron los balcones del Salón de Mármoles. Y se puso reja historiada. Juan Alonso contrató pintores, decorando con pinturas al fresco su cámara y estudio. Aficionados los varones de la familia al juego de pelota, se construyo una sala para el juego en el interior.
En 1556, correo procedente de Ayamonte, introdujo mal contagioso en Sanlúcar. Murió el conde de Niebla - Juan Claros de Guzmán -, su madre - Ana de Aragón – y enfermó Juan Alonso. Sobrevivió hasta 1558, dejando nieto de 9 años, Alonso de Guzmán 7º duque, por heredero de sus deudas. La madre, de la casa de Béjar, saneó las finanzas, imponiendo estricta austeridad. Reducidas las obras a las de conservación indispensables, en aras de la educación del hijo, se permitió el dispendio de hacer habitable el ala, que daba a al Picadero, para albergar al Canónigo Oretano, licenciado importado de Valladolid, en compañía del alumno, que debía desasnar.
Alcanzada la mayoría de edad, Alonso regresó al vicio de sus mayores. Cliente de imagineros y pintores, lo fue de albañiles. Trajo de Málaga columnas, para hacer galería abierta al jardín, cubierta por terraza, aprovechando a Livadotte, arquitecto napolitano . Recaló en Sanlúcar yendo camino de Indias. Retenido para modificar el claustro del convento de Madre de Dios, retiro de la condesa de Niebla, que no quiso rivalizar con la nuera, le llovieron encargos, haciéndole comprender que sus Américas estaban en la villa de Sanlucar. Prematura la introducción del estilo, los expertos se confunden, retrasando la datación de las obras.
En 1565, siendo menor el duque, faltó agua en Sanlúcar. Público el problema, señores y pueblo pagaron a medias la traída del manantial de las Minas al depósito que recogía las aguas en el Palmar. Adquirida más adelante la “Huerta de San Sebastián”, con manantial y noria, al ser excesivo el gasto del jardín, se trajo el agua directamente, con ayuda de pequeño acueducto, cuyos arcos se conservaron hasta hace poco. Novedad la tubería de plomo, impresionó a la duquesa Ana de Silva, mujer del 7º duque. Deseando agua en sus habitaciones, la metió en la casa. Inexperto el cañero o lamentable el material, sucesión de fugas aconsejaron regresar a la tradición, hasta que 1604 se impuso el plomo, debidamente perfeccionado. Que en la vieja Roma se utilizase el plomo, pone en entredicho el supuesto de que la humanidad avanza hacia el progreso, sin regresar jamás.
Al anuncio de visita de María de Guzmán, hermana del duque, el jardín se adornó con fuente de mármol. Siguieron juegos de agua, obrar de cañero italiano. Y bajo el corredor de Montserrat, se hizo un segundo estanque, perdido como el primero. Aficionado Alonso a los frutales, plantó cítricos y granados, pero también álamos, cuando la costumbre era quitarlos, al servir para mástiles. Los intervino la corona. El propietario no podía aprovecharlos, pero el rey disponía su tala, desgraciando jardines y patios.
En la segunda mitad del siglo XVI, se sucedieron las novedades, en la decoración interior. Ganó importancia el cuadro y la talla, imponiéndose el retrato. El duque y familia los encargaron variados. De viaje a la capital, Alonso trajo afición a jugar a los trucos, con mesa adjunta, que impuso en el domicilio muy contra la voluntad de la condesa. En adelante formó parta del ajuar, tapizada y renovada repetidamente. En el jardín estaba la ermita de la Magdalena. Documentada desde tiempos del bisabuelo y abandonada, el piadoso Manuel Alonso, 8º duque, pidió licencia para celebrar misa. Por entonces daba el edificio, las primeras muestras de vetustez. En 1606 hubo que apuntalar los muros, a la parte del jardín. Y en 1611 se derrumbó una azotea. En adelante, las obras de mantenimiento fueron constantes. Y se aprendió a reforzar con canes, las cabezas podridas de la vigas.
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