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La isla de Tenerife
El primer poseedor
El trato en Dante
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De la Tenerife americana a las Canarias españolas

 

El 3º duque de Medina Sidonia comerciaba con las Canarias a través de factor, pero nunca hubiese sido propietario de finca, de no haberle convertido la suerte, en el cuarto “armador” o financiero de la conquista de Tenerife.

 

Conquistadas las Canarias en1480 por Pedro de Vera, Alonso Fernández de Lugo formó parte de ka expedición. Residente en Gran Canaria, participe del  repartimiento, era propietario de cañaverales e ingenios en 1492, año en que Isabel la Católica, le concedió nueva conquista de Palma. A cambio de “sojuzgar a los canarios infieles”, le dio el gobierno perpetuo de la isla, el 20% o quinto de las rentas que produjese a la corona y el botín conseguido en operación, que habría de financiar por sus medios.

 

Dando por hecho que la resistencia popular, justificaría la violencia de estado, prometiendo nutrida cosecha de esclavos, consiguió que el florentino Juanoto  Berardi y el genovés Francisco Riverol, invirtiesen invirtiesen en la empresa, yendo a terceras partes, en costos y beneficios.

 

Derrotas de Alonso de Lugo. Pérdida de gente

Aleccionados por pasado reciente, los “palmeses”, sabiéndose vasallos de Castilla, recibieron a Fernández de Lugo en el cabildo, como enviado de la metrópoli. Reducida la ganancia a puñado de esclavos, obtenidos por engaño, su venta en Puerto de Santa María, no amortizó el gasto. Eludió Lugo encuentro con los "armadores", que enterados de su regreso, se preparaban a demandarle, siendo salvado por Reina,  con el encargo de volver a conquistar Tenerife, bajo las mismas condiciones que "conquistó" Palma. Reputados los guanches por su mal carácter, el convincente Lugo consiguió Berardi y Riverol reinvirtiesen.

 

Acostumbrados los tinerfeños a ser conquistados, pues al ser la isla cantera de esclavos, hubieron de reclamar predicadores y bautismo, para conseguir vivir en paz, los guanches rivalizaron en cortesía con los “palmeses”. No estando Lugo dispuesto a que le hundiesen el negocio, reunió a su gente, explicando que de no mediar violencia, no habría botín ni soldada, concluyendo que para generarla, tendrían que iniciarla. Lo hicieron a traición, pero con mal resultado.

 

Según el Cura de los Palacios, cronista oficial,  la derrota de Ventegay,  primera y última de la contienda, hizo retirarse a Lugo a Gran Canaria. Según la documentación, a más de ser “desbaratado” en el lugar “donde agora dicen la Matanza”, los guanches le mataron “mucha gente” “en otras partes”, poniéndole en “grande aprieto”.

 

Obligado a retirarse por dos veces, a Villa Real de las Palmas, la primera consiguió por socio o “armador” al genovés Mateo Viña, mercader y tratante de esclavos. Los acopiaron juntos, pero no tardaron en regresar  a la capital, perdida la gente y  sin dinero. No estando dispuesto a fracasar,  Lugo buscó la solución en un cuarto armador, de solvencia garantizada.

  

Convocando al escribano de la isla a domicilio, según se estilaba, prometió escritura pública, que daría la mitad de la presa y  de la isla de Tenerife, “una de las islas de Gran Canaria”, a quien aportase barcos y gente, de a pie y a caballo, armada, pertrechada y pagada, suficiente para rematar la conquista.

 

Remitido el documento a la Península, en mano de propio desembarcado en Cádiz, puerto oficial de Berbería, Canarias e Indias, desde 1493, el tal pasó directamente a Sanlúcar. Convencido el duque de Medina Sidonia, tras breve entrevista levantó banderín de enganche en su villa, consiguiendo en el día 650 infantes y 40 caballos, todos voluntarios,  por ser  Canarias destino, reputado de rentable. Embarcaron en 6 carabelas, pertrechados de despensa, armados y pagados por 6 meses, rumbo al puerto de Santa Cuz, llevando al frente a  Bartolomé de Estopiñan,

 

“Sojuzgada” la isla en 1496,  Alonso Fernández de Lugo no pagó en metálico ni a la tropa. El duque de Medina Sidonia recibió sucesivas partidas de esclavos, un barco sobrevalorado y  “heredamiento”  inscrito en el “Libro del Repartimiento” de la isla., de tal importancia, que Juan de Guzmán encabezó la lista de seglares propietarios. Confirmada la posesión por los Reyes Católicos, estando en Burgos, a 5 de noviembre de 1496, el duque mando apoderado, con encargo  de hacer rentable la propiedad, poniéndola en  explotación.

 

 

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El heredamiento del “Reino de Abona”

 

El regalo de Lugo estaba en el Reino de Abona, comprendiendo los ríos Abona y Abades, desde el "nacimiento" hasta el mar, con la tierra del entorno, siendo las poblaciones  más próximas Granadilla. Villaflor y Adexe, la última en el Reino de Dante. El medidor del Concejo de San Cristóbal, capital de la isla, buen conocedor de Tenerife, describe la propiedad, en 1577 como una de la mejores haciendas de la isla. Otras  “no siendo de tanta agua, ni de tantas tierras ni montes”, procuraban posición opulenta a muchos, dando lustre a mayorazgos.

 

 

En la isla que hoy conocemos por Tenerife, el Sur es conocido por Abona, apareciendo los topónimos Granadilla, Villaflor y Adeje. Que falte el de Abades, carece de significado. Los tiene evidente la escasez de aguas, de monte abundante y sobre todo, de ríos. No los hay ni según los geólogos los hubo, en ninguna de la Islas Canarias.

 

De la cabida o extensión de la heredad, tenemos información parcial y contradictoria. El medidor profesional, midió 1.500 fanegas, a la parte de Montaña Gorda, 600 hacía la mar y 300 en las Vegas de Juan Alonso, que traída el agua  se podrían  poner de caña de azúcar o viña, a más de 300  “a la parte de arriba" del sitio, señalado para el ingenio, de secano y para pan, por estar demasiado altas para que llegase el riego.  Con orden de medir el monte, “que no da fruto”, pero abundante  en madera y pastos, el  medidor se excusó, alegando que lo impedía lo abrupto del terreno.

Los  ríos Abona y Abades, del nacimiento hasta el mar,  montes del entorno

1577 Las heredades no son “de tanta agua, ni de tantas tierras ni montes”

1571 Poder. En duque menciona el Reino de Abona. Señor de Gibraltar

 

 

Gonzalo Suárez de Quemada,  a finales del siglo XV, calculó en más de una legua las tierras de calidad superior, que regó y puso de cañas, a la parte de Montaña Gorda. Bartolomé Cabrera, que registró concienzudamente la finca en 1554, le prestó cabida de “4 leguas en cuadra”. En 1595, Juan de Vega  calculó que la propiedad contenía 4 leguas de tierras de labor y 3 de montes y pastos. En 1597 propuso reparar errores pasados, instalando regadío a bajo costo. Sacada el agua de ambos ríos, cerca del nacimiento, por ser la altura adecuada, bastaría trazar  acequia de más de 12 leguas, que bajase por el centro de la finca, para regar toda la tierra útil.

 

Finales del XV “una legua de tierra buena”, a la parte de Montaña Gorda

 

 

1555 Cuatro leguas en cuadra. 1.500 fanegas cañas en Montaña Gorda

1577 En total,  2.400 fanegas de tierra para caña o viña. 300 de sequero para pan

1597 Acequia de más de 12 leguas

En el  siglo XVIII, valedor espontáneo del duque, creyendo usurpada la propiedad, la ubicó en el sur de la Tenerife actual. Aún haciéndolo de lejos y en  teoría, a partir del acta de  posesión, tomada por Cabrera en 1555, le prestó  2 leguas de ancho por 3 de largo, rebajando de 16 a 6, las leguas cuadradas estimadas.

 

 

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Inestables los topónimos, varios los barrancos, hubiesen sido imprecisas, de no tener por límite el barranco por donde discurría el Río Abona, en término de  Granadilla, y a "la parte" de Adexe, el barranco de Mocan, más allá de Río Abades, a 6 leguas de la primera población del Reino de Dante.  Al norte o "por arriba" el mar, con el puerto de Guajara o Abona, terminado por “abajo" “arriba a la cumbre” de la montaña, en que nacían los ríos, perteneciendo la vertiente opuesta a las “montañas del rey”. En 1595,   corrió por topónimos: Barranco de Alar y Lajas Caídas,  linde con los cañaverales e ingenio de Gonzalo de la Granadilla; a la parte de Agache, el Barranco de Tajar, “hacia la Fuente del Tajo”, “ por arriba el puerto de Guajara Montana y  la mar".

 

Con ayuda del Google Earht, he podido encontrar dos ríos paralelos, que naciendo en la montaña, vienen a morir en ese mar interior, que es el Lago Maracaibo. Bien pudieran ser el Abona y el Abades. Más caudaloso y controlable el último, sacar agua del primero ofrecía dificultades, que le hicieron protagonista. 

 

 

 

 

 

1577  Triángulo  Barranco de dicen del Mocan al Río Abona

Lindes en 1595

Ríos paralelos en Venezuela

 

 

 

 

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Distancias y caminos

 

En San Cristóbal, capital de Tenerife, tuvo su residencia Alonso Fernández de Lugo, conquistador, Adelantado de las Islas de Canaria, gobernador de Tenerife y de San Miguel de la Palma, cargos hereditarios, a más de capitán de la Mar Pequeña y gobernador de la Berbería. Su hijo y sucesor en honores y cargos, salvo en los dos últimos, se llamó Pedro de Lugo. Con domicilio en San Cristóbal, Carlos V, tras separar el gobierno de Gran Canaria, de la alcaidía de la Torre de Santa Cruz, la dio a cortesano. Imprudente abandonar la fortaleza, el Emperador rompió el protocolo, para nombrar por su real mano teniente de alcaide, a Pedro de Lugo, por ser la Torre en “comarcana a “vuestra casa” (ver “África versus América”, de la autora. Ed. Fundación Casa Medina Sidonia).

 

Santa Cruz, puerto de Tenerife, en término de Gran Canaria, origen probable de la actual Maracaibo, estuvo según la documentación,  a “más de 12 leguas de Abona” y unas 9 de la  comarca de Orotava.

 

Centro administrativo San Cristóbal, los sucesivos administradores de los Guzmanes, desembarcados en Santa Cruz, seguían a la capital, para tramitar la posesión de la heredad, haciendo el mismo camino. A 14 de leguas de la ciudad, estaba el nacimiento del los Ríos Abades y Abona; andadas 12,  se entraban en el Reino de este nombre. El recorrido era repetitivo. Hacían noche en La Orotava. Pasando por Garachico, en el Reino de Dante, se detenían en Granadilla o Villaflor, rara vez en Adexe, para presentarse al alcalde, que le proveía de alguacil que le diese posesión.

 

En la confusión del siglo XVIII, que llevó a buscar la heredad de Abona en la actual Tenerife, apoderado y jueces  justificaron  el haberlo buscado en teoría, absteniéndose de hacerlo sobre el terreno, aduciendo el gasto que suponía “viaje de 10 leguas”, distancia que separaba La Laguna o S. Cristóbal de la Laguna, de la comarca de Abona, para identificar la heredad.

 

La Orotava en Tenerife

La que pudiera ser la  Orotava venezolana

Entre San Cristóbal de La Laguna y Abona, está La Orotava. No hay Realejo de Abajo y de Arriba, que aparece en la documentación, pero sí Los Realejos e Icod de los Vinos, faltando el de Los Trigos. No hay San Pedro de Dante, ni “Reino de Dante”, pero sí Garachico y Adeje, así como Granadilla y Villaflor y Adexe. Pero nos faltan cuatro ríos y otras tantas leguas. 

1577 San Cristóbal  La “hacienda” a 14 leguas de “esta ciudad”

1712 Abona a 10 leguas de La Laguna

1598 Sta. Cruz a más de 12 leguas del Heradamiento de Abona

1595 Etapa en la Orotava

La Orotava a 9 leguas de Sta. Cruz

 

Trazado el camino de San Cristóbal de La Laguna al nacimiento de los ríos, con ayuda de Google Earth, en Venezuela encontramos río de mayor importancia, en comarca visiblemente cultivada. Pudiera ser el  Río Grande del Taoro, o Aguas del Taoro, que regaba La Orotava. No faltan aguas identificables con las de Adexe, ni  ríos que pudieran ser el Tamadate, cuyo curso de situaba a unas 6 leguas de la heredad de Abona.  Nacía en la montaña, muriendo en el mar, como el Abona y el Abades, ríos paralelos, separados en algún punto, no lejano al nacimiento, por una legua de tierra.

 

En el camino de San Cristóbal de la  Laguna a Granadilla de Abona, encontramos los topónimos mencionados en el entorno de la finca, pero no nos tropezamos con río, ni corriente  o “aguas”, asimilables a la descripción, que recogen las fuentes.

Isla de Tenerife

De San Cristóbal al nacimiento de los Ríos

Caminos y distancia en leguas

 

A 2 leguas de la población más próxima, la heredad de Abona era espacio de uso común, destinado a pastos y a proveer de madera y leña a los vecinos. Regados algunos “pedazos”     en  Los Llanos y las Vegas de Juan Alonso, con agua del Abades y de las Fuentes, los canarios que hicieron el trabajo se consideraban propietarios, no manifestando los ricos criadores de azúcar interés por el predio, porque estando alejado de lugar habitado, el transporte de materiales y la contratación de operarios, encarecía  la explotación y la ejecución de cualquier proyecto.

1555 La distancia de lugar poblado,  encarece los materiales

1597 “Apartado más de 2 leguas de poblado

 

Muerto el 6º duque heredó nieto menor de edad, huérfano de padre, cuya tutelea ejerció la madre, Leonor de Sotomayor, de la Casa de Bejar. Abultadas las deudas del difunto, se acordó vender los bienes de Canarias, valorados en 10.000 ducados. Preceptivas probanzas, por ser el heredero menor, Juan de Santa Maria “el Viejo”, carpintero sanluqueño que en 1555 estuvo en Abona, sacando el agua de los ríos, para hacer regadío, se manifestó partidario de vender. Habiendo “tanta mar que pasar”, para llegar a la finca, cuanto se invirtiese en la finca sería “sin fruto”, pues propietario residente en Andalucía, no podría  acudir a “labrarlo y beneficiarlo”, siendo conocido lo que sucedía, con propiedad  abandonada en manos de terceros. El mercader genovés Leo de Bounomo, habitual de las Canarias y las Indias, compartió  la  opinión. No faltando compradores, por ser la crianza de azúcar actividad rentable, era sabido que cañaverales e ingenios  prosperaban en manos de propietario, que estuviese a pie de obra.

 

1561 “están tan lejos de la tierra de SE”

1561  “quien tiene ingenio de azúcar, es menester que ande sobre ellos”

 

 

 

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Ríos, aguas y montes

 

La caña de azúcar necesita agua. Incluso en el trópico. La procuraban suficiente los ríos paralelos Abona y de los Abades, las “Aguas” o fuente del Barranco de los Escuriales y la de Pedro Baéz. De hecho, los guanches regaban algunos “pedazos”, en Los Llanos y las Vegas de Juan Alonso, sacándola de las fuentes y del Abades, renunciando a las del Abona, debido a las dificultades que ofrecía el barranco, por el que discurría. Contaba además con las Aguas y manantiales de los Riscos de Casa Girón, próximos al Río Abona. Al estar en bajo, carecían de utilidad, pues podían regar unas pocas suertes, de mala calidad, lo abrupto del terreno exigía inversión, para sacar las aguas, que no compensaba el producto.

 

De propiedad privada las suertes en cultivo, destinadas a cañas o viña, los montes y pastos eran de uso común. Estando el agrícola y azucarero de  la isla en el Reino del Taoro, regado por el Río Grande.  Pasando por San Cristóbal moría en la mar, regando además el apéndice del Reino de Dante, con ayuda de la Aguas de Adexe y otros ríos, entre lo que según Bastidas, se contaba el auténtico Tamadarte.

 

Expropiados los naturales tras la conquista, Lugo respetó a los castellanos, repartiendo los bienes de la guanches entre residentes europeos, que al estar presentes, sabrían agradecerlo y pagarlo. Obligado rembolsar el gasto al duque de Medina Sidonia,  le adjudicó la problemática heredad de Abona. Objetivamente ubérrima, por ser abundante en aguas de abona y excelente la tierra, bastó somero reconocimiento para comprender que en tanto no fuese puesta el agua, en sitio donde fuese aprovechable, no se podría explotar ni encontrar tributarios, que se arriesgasen a cultivarla, siendo objetivamente imposible encontrar comprador.

 

 

1555 Ríos y fuentes

1557 Aguas de los Riscos de Casa Girón

Juntas el agua del Río Abona y el Abades, en verano más de 3 azudes

1555 Más de 4 azudes de agua, por los canales

1555 Ningún ingenio de la isla tenía tanta agua

1555 Más agua que en la Oratava

Agua suficiente y “gran cantidad de montañas, con  madera y leña

Al ser la verdad una, del siglo XV a finales del  XVI, sucesivos apoderados proyectaron la misma solución, sin más variante que la de cambiar los “tomaderos” de sitio, sin alejarse del “nacimiento”. Separados los ríos Abona y Abades, en algún punto en lugar adecuado, por banda de tierra de una legua, las aguas se juntarían en punto equidistante,  conducidas por canales, combinados con acequias. No contempla el proyecto primitivo,  sumar el agua de la fuentes, pero sí el de 1577, creciendo el costo con otra media legua de canalizaciones. Comprobado que los ríos procuraban caudal de 3 azudes de agua en verano, y 3 en invierno, suficientes para regar las 1.500 fanegas de tierra superior, bajo una linda, donde se pondría el cañaveral, se renunció a la idea.

 

De la “junta” las aguas bajarían por canalización de una legua  a Montaña Gorda, donde se haría el tanque del que partiría el “herido”, que habría de mover las piedras de uno o dos molinos y la prensa del ingenio, alimentando la acequia mayor, desde la que sería distribuida a las suertes, regadas por su turno y orden

 

En 1577, abandonada la idea de hacer ingenio, por el costo de la obra y las complicaciones que entrañaba el cultivo de la caña, se proyectó e instaló el riego para plantación de viña,  menos complicada de criar, pese a necesitar cuatro riegos al año, no exigiendo más instalación que lagar y eventualmente bodega.

 

A 26 de agosto corre el Río de los Abades, en la Isla de Tenerife

El río de los Abades, llamado Tamadate, corría en agosto

 

572 Visitada la hacienda, el  administrador  satisfecho con el agua de los ríos

 

Portugués de Madeira, experto en riego, cañaverales e ingenios, por ser su isla primer proveedor de azúcar, desde tiempo inmemorial, celebró la abundancia de agua y la calidad de la tierra de Abona,, “muy capaz” para criar caña, sin olvidar los montes, cantera de leña, que garantizaban el abastecimiento del ingenio, en tiempo de zafra.

 

El administrador Gordejuela, tras recorrer la finca, se manifestó satisfecho con los ríos, habiendo constancia documental de que el Abades corría en agosto. En la Tenerife de las Canarias actuales, no hay ríos. Se alimenta de aguas freáticas, que generan manantiales, como los generados por las nieves del Teide. Húmedo el norte y el valle de la Orotava, en la comarca de Abona, particularmente reseca, no hay atisbo de río, siendo impensable que fluya arroyo, en tiempo de verano.

 

 

 

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Productos de Canarias

 

Los duques de Medina Sidonia, antes de nombrar administrador para la heredad de Abona, tuvieron factor en las Canarias. Recibía paños, metal, acero, aceite y grano, que trocaba, mandando a Sanlúcar vino de malvasía, compotas y mermeladas diversas, en especial de duraznos; halcones, pájaros canarios, maderas y azúcar. En los aranceles de los puertos andaluces y otras fuentes documentales encontramos como productos, procedentes de las Canarias, conchas de la púrpura o múrices tintoreros, azúcar, añil o índigo, orchilla y palo de rosa.

 

Los grandes múrices de la púrpura, se encuentran y encontraban en el Caribe y el Pacífico, en las aguas de América Central, siendo el añil derivado del “pastel”, planta reconocida como americana, siendo reputado el de Guatemala en el siglo XVII y el palo de rosa producto de Bélice y Brasil.

 

Reputada la madera canaria, por su dureza y resistencia a los parásitos, los Guzmanes la importaban a Sanlúcar, para hacer cureñas, vigas de prensa y de construcción.

 

Embarcada en el puerto de Gran Canarias, en la flota de Nueva España, por ser escala obligada. Se compraba en las islas o talaba en la heredad de Abona, de donde procedía la que se utilizó para hacer los canales de teca “enterizos”, utilizados en las canalizaciones de Abona.

 

Pájaros canarios

Halcones y canarios. Falta de alpiste

La Madera de Abona

En capítulos sucesivos, veremos cómo unas Canarias políticamente incorrectas, fueron erradicadas de la geografía, produciéndose movimiento paulatino de trasladación de topónimos, meditado y tan cuidadosamente planificado, que ha pasado desapercibido hasta la fecha. 

 

 

La isla de Tenerife

 

Las Canarias que podríamos apellidar “de los Ríos”, por tenerlos debidamente probados,  no pueden identificarse en ningún caso, con las Canarias atlánticas, en las que apenas se registran arroyos invernales y torrenteras en tiempo de lluvia, o de deshielo del Teide.

 

Explícitamente identificada Fuerteventura, con Martinico, como lo está la Mar Pequeña con el Caribe, Gomera, cantera de esclavos y Hierro, confundida con la Madera portuguesa, sabemos que se encontraban a 600 leguas de Boca de la Sierpe, entrada del Caribe, Tenerife formaba parte del conjunto, que se continuaba en Gran Canaria, cabeza administrativa de las islas y Palma, que ocupaba el istmo. Con lógica evidente, tanto Palma como Tenerife, se citaban como “islas” de “Gran Canaria, siendo Tenerife “una de las islas de Gran Canaria”, ubicada “en esta isla de Canaria”.

 

De ahí que Alonso Fernández de Lugo, pudiese simultanear los cargos de gobernador de Tenerife y Palma; su hijo sumar a los cargos heredados, el de teniente de alcaide  de la Torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, cargo que tuvo poco antes, el gobernador de Gran Canaria, perdiéndolo al pasar a residir en la Gran Canaria  atlántica, excesivamente alejada para controlar la Torre, que guardaba el puerto. Juan de Vega, administrador de la heredad de Abona, celoso y presente, fue al mismo tiempo escribano del Juzgado de la Contratación de la Indias.

 

 

1555 “en la dicha isla [de Tenerife] y las otras islas de Gran Canaria”

1574 “Regidor de la Isla de Tenerife de Gran Canaria”

 

Juan de Vega Escribano del Juzgado y Contratación de Indias

 

 La “Isla de Tenerife”, que estaba en “Canaria”. Limite de jurisdicción

Frente a la bahía de Parnaiba, se conservan unas “Islas das Canarias” recuerdo de la Gomera, como en Venezuela tres Tenerife en línea, recuerdan el límite de la jurisdicción del subgobernador de la isla, sometido a la autoridad del de Gran Canaria.

 

 

 

Historia de un donadío.  El primer poseedor

 

Juan de Guzmán pertenecía a la saga de los Guzmanes de Allén Mar. Señores en régimen de behetría o elección, de las Islas del Cabo de Ajer, con licencia para abastecer a la población, de trigo, cebada, aceite y otros productos europeos, cobrando en  oro y esclavos, en el siglo XV hubo en la casa señores documentados de las Islas de Canaria, siendo probable que el cambio de predio quede en efecto de alteración nominalista, que no geográfica.

 

Tuvo el duque factor en  Safi, las Islas de Cabo Verde, “en el Reino de Portugal y Gran Canaria, sin que trasluciese intención de convertirse en propietario en las islas, antes de que Alonso Fernández de Lugo la adjudicase la heredad de Abona, en Tenerife.

 

Renunciando a que lo invertido en la conquista, que hubiese preferido percibir en metálico, Juan de Guzmán se resignó, enviando a Gonzalo  Suárez de Quemada, regidor en Sanlúcar y hombre capaz, en la esperanza de que encontrase el medio de rentabilizar el regalo.

 

Vista la finca, la describió como el “mayor sitio de tierra”,  aguas y montes de la Isla, destinado por los naturales a “pastos” de uso común, “que no hacienda”, por estar apartado de población y al margen de las comarcas azucareras  del La Orotava y Dante.

 

El problema más evidente con que tropezó Suárez, fue la concurrencia. Los canarios propietarios de la tierra cultivada, regada en su mayor parte, no le preocupaban. Concentrados los más en el Barranco del Río de los Abades, nacidos y domiciliados en la tierra, aunque estuviesen dispuestos a defender el solar familiar, sin atender a la expropiación general, dictada tras la conquista. Llegado el momento serían expulsados fácilmente. Únicamente e inquietaba un Francisco de Lugo, castellano de origen, probable beneficiario del repartimiento de Pedro de Vera. Instruido, emparentado y apegado a la tierra, insistía en que “es suya”, disponiéndose la concesión y al duque ante los tribunales.

 

Con medios e intención de llegar a la Chancillería de Granada, sabida la debilidad del derecho de Lugo a la conquista, el pleito podría poner en entredicho la legalidad de la operación, aconsejando a la corona cargar a espaldas de los quejosos, la responsabilidad de abuso de poder evidente.

 

Imprudente excitar los ánimos, iniciando las obras antes de  solventar la cuestión, para no dar lugar a “escándalo”, de difícil enmienda, el duque solicitaría real provisión, dirigida al gobernador o al visitador, encargado del juicio de residencia, “para que si alguno demandare, no sea oído sobre ello, y que si algún derecho tienen, que parezcan en corte a pedirlo”, trámite tan caro como complicado, que aconsejaba a la victima demandante renunciar a pedir justicia, por no salir escaldado.

 

Para mayor seguridad, el duque aprovecharía el primer cambio de gobernador, para sugerir al  rey que eligiese caballero letrado, ducho en leyes y proclive a  la casa , que preparado a elaborar argumentos jurídicamente sólidos, “asegure" “esta hacienda”, “para tener seguras las espaldas”.

 

Las Vegas: no conviene hacer ingenio. Plantones

Montaña Gorda más de 1 legua de tierra buena. Cerca del puerto

 

Al problema se agregaba el más arduo, representado por  los usuarios del predio. Baldía la tierra,  hasta que la privatizó Fernández de Lugo, “muchos vecinos criadores de ganado cabruno”, metían en ella sus rebaños. Suficiente el espacio, cerrado por los ríos, la montaña y el mar, pululaban libremente, ahorrando el gasto en pastor. “Malos de quitar” pero incompatibles con plantación de caña, “porque la cabra no hay cerca que no salte”, el duque  habría de conseguir una seguida real provisión, mandando a los justicias de la isla que “prendasen” a la res, que saliéndose del camino, entrase en las labores. Aún siendo el daño “poco”, se habría de castigar  “en más valor que un hato de cabras”, porque de no ser duro el castigo, no se erradicaría la costumbre.

 

No estando al hombre medieval afectado por el complejo de inferioridad, que asedia al del presente,  Suárez suplió su ignorancia en lo tocante a regadío, cañaverales e ingenios, por el sencillo sistema de preguntar a los enterados. Haciéndolo a derecha e izquierda, sin considerarse disminuido ni humillado, no tardó en estar en situación redactar y ejecutar proyecto de explotación, que sería padrón de los posteriores, porque la verdad es una.

 

Habiendo en Los Llanos “pedazos” plantados de caña, regados con agua del Abona y las fuentes de los Escuriales y Pedro Báez., hubiese encareciendo la obra, su caudal, de no haber sido informado de que sumado del Abona al de los Abades, los canales llevaría 3 azudes de agua en verano, suficiente para regar toda la tierra cultivable.

 

Debidamente aconsejado,  mudó los “tomaderos”, poniéndolos en las inmediaciones del “nacimiento”, a la altura adecuada para que el agua regase por pie, el último rincón de la finca.  Combinación de acequias con canales de “enterizos” de teca, debidamente claveteados y embreados, juntaría el agua   de ambos ríos. Separados por una legua de tierra, sendas canalizaciones de media legua la llevarían  al centro de la finca, de donde habría de bajar algo más de una legua hasta Montaña Gorda, por canalización trazada en terrazas, pues al “ser el camino muy largo”, se había de proteger de vientos y avenidas.

 

Para "recoger las aguas" se haría tanque de piedra y cal, con 200 pies  de largo por 150 de ancho y 20 palmos de profundidad. Abastecería “herido”, moviendo dos molinos, cada uno de dos piedras, que habría de moler el grano para el personal  de la haciendo y los tributarios, a más de la rueda, que habría de presionar las vigas de las prensas del ingenio, siendo el punto de partida del agua, que regase las 1.500 fanegas de tierra superior, plantadas de cañas, por su turno, teniendo el tanque reserva para regar 200 fanegas, “de planteras, cocas y recocas”, siendo indispensable inversión de 5.000 ducados,  para que el agua fuese “bien aprovechada”.

 

Los dos molinos se haría al pie del tanque, siguiendo la Casa de la Molienda del ingenio, junto al “herido”, con rueda capaz para 3 prensas, con viga de 40 pies de largo, por 5 de ancho. La miel discurriría por canalillos hasta tanque con cabida de 3 a 4 pipas, comunicada por canales con la Casa de las Calderas. Con 5 “ornallas”, el azúcar se cocería en otras tantas calderas de cobre grandes, pasando a continuación a la. Casa de Purgar, sonde se soleaban “los azúcares, después de purgados”.

 

De tres naves sobre pilares de piedra de cantería, tendría 200 pies de largo por 60 de ancho y amplio balcón. El proceso terminaba en la Casa de las Piletas. Puesto el azúcar en “formas”, se empapelaba antes de “encajarlo” para el transporte. Las “espumas” se purgaban en casa independiente, como la destinada a refinar la miel, conducida por canales.

 

Completaban el conjunto del ingenio corral, con cabida para 20.000 cargas de leña, que en Abona se acopiaban en monte próximo, con tiempo para que se secase antes de zafra. Obligado hacerla con bueyes que moviesen las prensas, caso de faltar el agua, a más de ser necesarios para el transporte, se haría caballeriza que albergase 10 u 11 yuntas de bueyes, 5 o 6 recuas de acémilas y algunos caballos para el servicio, con segundo piso que fuese capaz para guardar la paja del año.

 

Las 2.000 fanega de “pan”, que se había de prever para el personal y las bestias, se guardarían en granero independiente,  completando el conjunto casa -despensa. En ella se guardarían las herramientas del ingenio, acopiando en su almacén  pescado salado o embarrilado, sardinas, tasajos, cebollas y quesos para el personal, que tendría el comedor en el edificio.

 

Las cañas se buscarán en Gran Canaria

La casa destinada a residencia de factor y mayordomo, se haría de piedra y fortificada, estando orientada de manera que desde las ventanas, se dominasen las entradas del cañaveral, el ingenio y la Casa de Purgar, para que nadie pudiese entrar o salir,  sin ser visto por los responsables. Indispensable la iglesia con capilla, en que se dijese misa los domingos y fiestas de guardar. Habría capellán, obligado a prestar auxilios espirituales a vecinos y personal, en el templo serían “adoctrinados los esclavos en la fe cristiana”, de grado o por fuerza. Estando el ingenio junto a Montaña Gorda y terminando el cañaveral, un camino apto para carretas, uniría el ingenio al puerto de Abona.

 

Al escasear los plantones de caña en Tenerife, habrían de buscarse en  Gran Canaria. Al ser “muy buena la tierra”,  se habría de calcular inversión de 250 ducados, por suerte de 5 fanegas. Buscando economizar, los “pedazos” de regadío, que había en los Llanos y Las Vegas, se aprovecharían  para poner 3 o suerte de plantones, para trasplantar “abajo”,.en Montaña Gorda.

 

Calculada la tierra cultivable en 4 leguas “en cuadro”, en las 3 leguas estimadas, demasiado altas para ser regada, se podría cultivar pan, hortalizas, frutales y viña, sirviendo el monte para proveer de leña y madera, pudiendo lo tributarios aprovechas los pastos, metiendo ovejas, cabras, puercos y camellos.

 

La tierra es "tan grandes". Meter "ovejas, cabras, puercos y camellos"

No habiendo en la isla “hombres”, que trabajasen por cuenta ajena, los que se ofrecían pedía “el mundo de soldada”, a más de ser caprichosos,  pues “se van al mejor tiempo” abandonando el tajo, cuando eran más necesarios. Obligado adquirir 40 esclavos, lo que representaba inversión de 2.000 ducados, al precio de mercado en la isla, Suárez aconsejó conseguirlos por “casi nada”, obteniendo autorización del rey de Castilla para importarlos de Guinea o Berbería, y del rey de Portugal para que barcos del duque pudiesen “estar en la costa de Guinea, rescatando”, pues los navegantes castellanos que se aventuraban a entrar en aguas de la conquista lusitana sin las debidas licencia, eran  “maltratados” por los portugueses.

 

Preocupa a Suárez la falta de fondos, por ser los canarios en general y los guanches en particular, mirados en cuestión de impagos. Para conservar el prestigio, terminando la obra sin interrupciones, que le expusiesen a perder los hecho, por defección de los proveedores, habría que salda las factura con puntualidad.

 

Rentable el truque de tejidos europeos en las islas, el Guzmán propuso proveer en especies. Admitió Suárez que había demanda de lienzos, a condición de que fuesen de calidad, en especial anjeos, ruanes, presillas, carisea y palmillas de colores, pero advirtió que estando el mercado saturado,  los mercaderes introdujeron la costumbre vender a fiado, por dar  salida al género.

 

40 Esclavos, 2.000 ducados. Buscarlos en Guinea

Real permiso para traer esclavos. Los hombres, el mundo de soldada

 

Probó Gonzalo Suárez de Quemada que puso la finca en explotación, al morir siendo mayordomo de molinos en Abona. Y que en 1503 ofreciese como garantía en contrato, los esclavos que el duque tenía en “esta isla de Tenerife”.

 

En 1503 el duque tenía esclavos en Tenerife

 

 

El trato con Mateo Viña en Dante

 

“Armador” de Alonso Fernández de Lugo en la conquista de Tenerife, socio de cabalgadas a la caza de esclavos, el genovés Mateo Viña, mercader y regidor, recibió en el "repartimiento"  donadíos en la  Vanda de Anaga, Taraconte y La Orotava,  en término de los Realejos. A la Vanda de Dante, en término de Garachico, tierra de cañas, y herido para ingenio, con el agua correspondiente. Al estar la heredad cerca de  Abona,  Gonzalo Suárez de Quemada se interesó, negociando en nombre del duque.

 

Enredoso poner en explotación los bienes de Dante, Mateo Viña negoció cesión condicionada. A 24 de diciembre de 1503, traspasó  “todas las tierras e aguas e montes e tierras de sequero, que yo he e tengo”, en término de Garachico, que tenían por linderos la montaña, la mar, el ingenio de Gonzalo Liáñez o Yáñez, portugués, el de Cristóbal Aponte, las  tierras de Antonio Martín y de Gonzalo Díaz, igualmente  portugueses.

 

Se obligó el duque, a su “costa y minsión”, a sacar el agua,  teniéndola en lugar desde el que se pudiesen regar las 120 fanegas que habría de poner de cañas, a 1º de abril de 1504,  haciendo uno o dos ingenios “de moler caña”, que estarían   “corrientes y molientes”, en el plazo de 2 años.

 

Tierras de Garachico (Dante). Aguas y secano

Puesto el conjunto en explotación, dos hombres juramentados repartirían en 4 suertes de 30 fanegas, las 120 fanegas de  “estas tierras, que os doy y traspaso”, adjudicando, por sorteo, 3 al duque y 1 a Mateo Viña, quedando obligado el Guzmán, “perpetuamente para siempre jamás”, a recoger en el campo las  cañas de las 15 fanegas,  que se cortaban cada año , cuando “estén en sazón”, llevándolas de “la tierra al ingenio”, con sus bestias y hombres, habría de molturarlas “francamente”, sacando “las aguas y lías del ingenio o ingenios”, “en los plazos, términos y sitios declarados”, sin llevar sueldo ni “maquila alguna”,según uso y costumbre de la tierra”. De padecer daño las cañas, por retraso o descuido, el duque habría de indemnizar a Mateo Viña, pudiendo vender, dar a tributo o arrendar la tierra, a condición de que quien las llevase, asumiese el compromiso. Firmada la escritura en San Cristóbal, entre los bienes que el duque obligó al cumplimiento, aparecen los esclavos, que tenía en la isla, indicio de estar en explotación la heredad de Abona.

 

Fallecido Gonzalo Suárez de Quemada, le reemplazó  Gonzalo Muñoz, regidor y vecino de Lucena,  natural de Niebla.  Apoderado en Sevilla, a 16 de enero de 1505, para tomar posesión de cuantos bienes tuviese el duque en las Canarias,   se mencionan especialmente las aguas, tierras, montes, ingenios y tierra de secano, adquiridos de Mateo Viña, en término de Garachico.

 

Llegado a Tenerife, Muños vendió estas  tierras al portugués Gonzalo Yañez, propietario de ingenio lindero, a tributo perpetuo de 1.000 @ de azúcar blanco, “bueno de dar y tomar, encajadas, empapeladas y puestas “a la lengua del agua”, en la Caleta de los Genoveses, puerto de  Dante. No asumió el acuerdo establecido con Mateo Viña, pero asumió  la responsabilidad civil y penal en que pudiese incurrir el duque, caso de interponer Viña demanda.

 

Aceptó la pena del “doblo”, comprometiéndose a entregar 2.000 @ de azúcar, al duque o sus herederos, caso de no pagar un año. De no hacerlo por espacio de tres, el propietario del tributo podría tomar posesión de tierras, aguas e ingenio, con lo edificado, plantado y “mejorado”, sin intervención de la justicia, ni incurrir en delito. Fijado el primer pago  de las 1.000 @ en agosto de 1507, no es probable que el duque llegase a cobrarlo.

 

Aprobados los repartimiento que hizo Alonso de Lugo, sin excepción, por real cédula de los Reyes Católicos,  en 1496,  a 5 de marzo de 1506 , en nombre de Juana, la hija reina, que mantuvo encerrada e incapacitada, recordó la prohibición de repartir a extranjero bienes de la corona,  cuyo valor excediese de 200.000 maravedís. Aplicándolo a Viña, anuló la concesión.

 

Accediendo a la corte, el genovés expuso su participación en la conquista de isla, consiguiendo conservar las aguas, tierras y montes, que le fueron concedidas en Anaga, Taraconte y Orotava, donde tenía 9 fanegas de cañaveral, próximas a San Cristóbal,  a cambio de ceder sin protestas las  “tierras, aguas y caballerías”, que le fueron adjudicadas en el “en el Bando de Dante”. Estas revirtieron a la corona, perdiendo el Guzmán sus derecho y las 1.000 @ de azúcar de censo, al ser concedidas por el rey a Luis Zapata, quizá el Luis Zapata, al que Carlos V dio la alcaidía de la Torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, en 1519, nombrando por teniente y alcaíde  efectivo, a Pedro de Lugo. 

 

Prueba la cortedad de la memoria histórica, que lejano descendiente de Juan de Guzmán, intentase recuperar el tributo, o por mejor decir, las tierras en que se asentaba, en isla de Tenerife en la que nunca hubo ríos, aguas abundantes, ni  plantaciones de caña dulce.

 

 

El ingenio de la Orotava

 

Regadas  por el Río Grande del Taoro, las tierras del Reino del Taoro, eran ricas en agua y apreciados sus cañaverales.  Entre los beneficiados por Alonso Fernández de Lugo, heredados en la comarca, figuro Lope Fernández, regidor de Tenerife. Le fueron adjudicadas más de 18 fanegas, susceptibles de ser regadas y  herido para ingenio “de moler caña de azúcar”, “para que muela con el Agua del Taoro”.

Registrada la donación en el  “Libro del Repartimiento”, en 1502 Fernández la arrendó por 9 años “a un hombre de dicen Juan Luengo”, vecino de Gran Canaria. Minucioso el contrato, recoge usos y costumbres de los criadores de azúcar. No habiendo puesto Fernández el donadío en producción, el arrendatario habría de hacer tomadero en el río, con altura adecuado, en punto en que el caudal fuese suficiente para regar las cañas y nutrir el “herido”, aportando la fuerza indispensable, para mover la rueda del ingenio.

 

Plantación y riego tendría que estar en producción  en marzo de 1503, poniendo López los materiales a pie de obra y los aperos, para hacer un segundo ingenio, que estaría corriente y moliente, para la Navidad “primera que viene”. Facilitando el trabajo, López prestó gratuitamente yunta de bueyes, por 14 meses, que Luengo habría de devolver en el estado en que los recibió, fiándole 200 fanegas de trigo y 250 puercos, a pagar en azúcar, valorada el precio en que se vendiese a primeros de año, y  3.000 formas "buenas y sanas", para hacer azúcar.

 

Puesto el cañaveral en producción, Luengo pagaría 500 @ de azúcar cada año, puestos en el ingenio y en tres plazos, en abril, junio y agosto. De faltar agua para molturar la caña, haría la zafra con bueyes, compensándole  rebajada en la renta, pues de suceder, no pagaría más que  400 @.

 

En la Española, donde los ríos son breves y torrenciales, los bueyes se utilizaban con profusión, explicando por qué los productores de azúcar de la Española, a principios del siglo XVI, eran propietarios de cabañas con 2.000 o 3.000 cabezas de bovino, no siendo considerados ganaderos, en un tiempo en que le propietario medio, poseía 20.000 cabezas.

 

 

1503 Río Grande del Taoro

La Orotava se llamó Taoro (S. XVIII)

1502 Riega con agua del Taoro

En 1505, cuando el topónimo “Taoro” se empezaba a confundir con el de Orotava,  Lope Fernández y su mujer, Elena Vázquez, vendieron a Gonzalo Muñoz, que compró en calidad de factor administrador del duque de Medina Sidonia,  ingenio con herido,  madera, pertrechos, lo gastado en la obra por  Bartolomé Benítez, y lo que quedaba por hacer.

 

Lope incluyó en el lote lo que le concedió Fernández de Lugo, en el repartimiento,  destacando ingenio con herido. a la “cabecera” del  Río Grande del Taoro; las 38 fanegas puestas de cañas y regadas, con 10 de secano, útiles para viña, que compró al catalán Jaime Joven, pedazo de “sequero” de 12 fanegas, “arriba de las tierras de riego”, apto para  majuelo; 26 fanegas regadas, junto al cañaveral del Teniente Hernando Trujillo,  propietario del primer herido, además de renta de 500 @ de azúcar, que Alonso Pérez Navarrete, sucesor de Juan Luego, había de pagar, el todo por precio global de  1.600 ducados, “de buen oro y justo peso”.

 

Propietario Bartolomé Benítez de dos heridos en “la Orotava”, copropietario de una parte de la tierra, acordó hacer  ingenios, a medias con el duque, comprometiéndose a moler todas las cañas, “viejas y nuevas”, que produjesen las tierras de ambos. El costo de armar el molino y la zafra, lo pagarían por mitad, como se partirían los beneficios, descontados del “monte mayor” gastos y diezmos, a pagar al rey o al señor, según costumbre en lugar que templario, yendo a partes iguales en  azúcar, espumas y mieles.

 

La construcción del segundo ingenio, “arriba del herido de Bartolomé Benítez”, se iniciaría de inmediato, sin que “alce la mano” hasta tenerlo "corriente y moliente". Tasado por  expertos neutrales, el Duque pagaría la mitad, y la parte que le tocase en  las  "demasías", imprevistos inevitables en toda construcción.

 

Las maquilas del nuevo ingenio, se partirían igualmente por mitad, usando en común “cobres” y herramientas,  en tanto no estuviese terminado el ingenio nuevo. Terminado, el antiguo quedaría a Benítez, no teniendo parte duque. Entre los  testigo del compromiso aparece Pedro de Lugo, quizá el hijo del conquistador, sucesor en los cargos.

 

Inquieto por las iniciativas de Gonzalo Muñoz, el duque apoderó a Jácome Dinarte, vecino de Sanlúcar, para que le supervisase, metiéndole en cintura. Partió provisto de instrucciones, fechadas a 6 de febrero de 1506. Por no satisfacerle la adquisición, o encontrar comprador, que ofreció el precio adecuado, vendió los derechos del duque a ingenios, tierras y cañaverales, de “primera hoja y de cola”, que estuviesen en el Valle de la Orotava y otros “partidos”, en 1.700 @ de azúcar, puestas en el ingenio de la Orotava,  “que hoy en día está hecho, a su propia costa y micción”. El pago se haría en tres plazos: 300 @ a fin de junio, 700 @ a fin de agosto y  800 @  a fin de mayo de 1507.

 

Liberada la casa de propiedad engorrosa, debido a la distancia, al no quedar huella de  la venta en el archivo, habiéndola de la adquisición, se había olvidado que la jurisdicción de Gran Canaria, se extendía de las islas atlánticas a Centroamérica, por convenir a las pretensiones de las coronas de España y Portugal, cuando duque de turno quiso recuperar  la renta en azúcar.

 

No había cultivos de caña dulce en Tenerife, ni razón para suponer que la orografía los hizo posible alguna vez, los que anteponen la palabra de realidad, lo dieron por hecho. Habiendo aprendido su propia historia a través de los archivo que de S. Cristóbal,  depositados en La Laguna,  no sabían de ingenios, pero sí que la Orotava se llamó Taoro, en otro tiempo.

 

 

El azúcar de Telde y Tirajana

 

No sabemos si por el placer de extenderse o por afán de cobrar comisiones, que ya las había, Gonzalo Muñoz no desaprovechó ocasión de comprar, en nombre y con dinero del duque, extendiéndose a Gran Canaria.

 

Adquisición de bienes de menores, ofrece oportunidad de  rebasar los límites de esta investigación, para detenernos en cuestión a la  moda, como es la condición jurídica de la mujer en el pasado. Juristas, ensayistas, literatos de la historia e historiadores literarios, fieles a la consigna política de que todo pasado fue peor, ofrecen la imagen de una eterna menor de edad,  privada de todo derecho, que pasaba de la autoridad paterna a la fraterna,  a la del marido, suplidos en su defecto, por autoridad competente.

 

El esquema de mujer “ideal” por irreal, que no por otra razón, la presenta privada de la facultad de regir sus propios bienes, emprender iniciativa intelectual o económica, o realizar  trabajo de responsabilidad. El idealistas, siempre dispuesto a negar la realidad más evidente, rechazando la prueba en contrario, la presenta privada de la facultad de contraer  obligaciones financiera, pleitear,  deponer como testigo, por carecer su testimonio de validez, testar sin licencia de varón, ejercer como contador partidor o albacea, asumir tutela, incluso de sus propios hijos. Incluso la prostituta había de someterse a  la autoridad del “padre”, regente de la casa en que ejercía sus servicios, omitiendo la circunstancia documentada que no faltaban casa de lenocinio, regidas por madres.

 

Regadío y tierra para cañas, en Tirajana

En este esquema, únicamente la hija de rey, heredera del trono, disfrutaba del privilegio de equipararse al varón. Padeció el concepto serió revés, cuando el historiador, avezándose en paleografía, se acercó a las fuentes documentales. Restringido el estudio del pasado, al ámbito de la realeza y la aristocracia, en tanto se consideró al ciudadano del común indigno de pasar a la historia, las féminas dotadas de derechos, se adscribieron y circunscribieron a la clase, privilegiada por nacimiento.

 

Sabido que la mujer no podía vender sin la firma del marido,  sorprendió que éste tampoco pudiese hacerlo, sin autorización de la esposa. Ampliado el campo de investigación,  pronto se hizo evidente que en cuestiones jurídicas, los derechos de hombre y mujer solteros, en poco se diferenciaban, al dimanar el principio de la autoridad marital, de la epístola de San Pablo, siendo más libre la mujer del pueblo, que la nacida en la aristocracia.

 

Pero sucede que quienes debieran ser analistas de la realidad del pasado, se aferran a la leyenda, creada a partir a principios acientíficos, como son la conveniencia política,  el deseo  y la necesidad de justificar errores del presente. De ahí que  sería desperdicio pasar por alto las circunstancias, en que se produjo la adquisición de tierras de riego y azúcar, en Trajana o Tirajana, comarca de Gran Canaria.

 

Propias de Fernando de Porras, rico mercader con domicilio en la plaza de Santa Ana, de Villa Real de las Palmas, propietario en Gran Canaria, Tenerife y Palma, aumentaba su fortuna viajando a la metrópoli con mercancías de la tierra,  que trocaba por productos europeos, vendiendo con ventaja, en ambas riveras del Atlántico. 

 

Embarcado en octubre de 1502 rumbo a Castilla, Fernando de Porras se ahogó con el barco, llegando la noticia a la esposa, María Marín, a finales de año.  Madre de 2 varones y una hija, mayores de 14 años pero menores de 25; de 3 hembras y 2 niños “pupilos”, el 4 de diciembre el Alcalde Mayor, acompañado de escribano, se personó en el domicilio de la viuda, con el fin de regularizar la situación de los menores, como era su obligación-.

 

Muy protocolariamente, estando sus hijos “desamparados, por mengua de tutor”, María solicitó que se nombrase, presentando su candidatura. Consultados los hijos mayores,  fuera de tutoría, pero sometidos a curaduría, dieron su consentimiento, entregando a María el control de los bienes familiares.

 

Hombre de negocios, abocado a recurrir a fondos ajenos, dejó deudas evaluadas en 800.000 maravedís, entre otras  el pago de propiedad, adquirida poco antes de morir. Amenazados los menores con pleito de acreedores, en 1503 María expuso el descalabro a que se exponían los hijos, pues vendidos los bienes en pública subasta, saldrían por la mitad de su valor. Conveniente adelantarse, empeñando o vendiendo bienes, en cantidad suficiente para liquidar la deuda, inició los trámites preceptivos.

 

Obligada la intervención de la autoridad, habiendo menores de por medio, el Alcalde Mayor ordenó hacer probanzas. Lógico que coincidiesen los testigos, pues fueron presentados por la tutriz, se manifestaron partidarios de la solución, señalando la heredad de Trajana o Tirajana, como propiedad prescindible. Con 16 fanegas de buena tierra, la mitad puesta de cañas, dotada de agua para poner el resto,  la lejanía de núcleo urbano y  el mal camino, la hacían difícilmente rentable.

 

Autorizada a María a vender, sería comprador Gonzalo Muñoz, en calidad de apoderado del duque de Medina Sidonia. La operación se ejecutó en dos fases. A. 21 de abril de 1505, Gonzalo compró a María Marín, censo de 126 ½ @  de azúcar, “encajadas y empapeladas”, puestas el puerto de Telde, que empezaría a correr el día de Santa María de Septiembre, de 1508, por el que pagó 663 @ de azúcar blanco, “bueno de dar e tomar”.

 

Procedente el azúcar de las 6 suertes de 5 fanegas de cañas, que tenía  Porras en Trajana, otras 6 suertes y una cuarta, en término de Telde,  llevada “a partido” por Fernando de Mercado y un molino “de pan moler”, en término de Villa Real, el censo se extinguió a 24 de septiembre, comprar el mismo Gonzalo Muñoz, las tierras que María Marín y sus hijos, tenían y pudiesen tener, en el distrito de Trajana o Tirajana, puestas de cañas y por poner, regadas y por regar, “con toda el agua a ellas perteneciente”, por 680.000  maravedís, en moneda canaria.

 

En 1506 el sanluqueño Jácome Dinarte, enviado a Canarias por el duque, para controlar las compras de Muñoz,  reconoció las 16 suertes de Tirajana o Tirajana, comprobando que nada se había hecho, pues encontró 8 suertes puestas de cañas, y otras tantas sin poner.

  

No habiendo liquidado Muñoz el pago, a 10 de agosto de 1507,  Jácome hubo de pagar, en Sevilla, 780.000 maravedís por la hacienda de Tirajana, con carga de intereses, siendo  firmado la escritura en la ciudad, estando muerto el duque. 

 

En 1509 un Diego de Cabrera,  presentó ante los tribunales ejecutoria, en la que las tierras, aguas e ingenio de “Tirasona”, bienes adjudicados por el repartimiento de Pedro de Vera, habían sido vinculados a mayorazgo, que le pertenecían. Habiendo sido enajenados como “libres”, la venta se     “dio por ninguna”. Ordenada reversión al supuesto titular del mayorazgo, Dinarte pleiteó, en nombre del nuevo duque de Medina Sidonia. Conservado fragmento del pleito en el archivo de la casa, en el siglo XVIII,  se encontró la adjudicación definitiva de los bienes a Cabrera, en 1510.

 

Pudo ser este Diego Cabrera el factor de Inés de Peraza, residente en San Bartolomé, puerto "de la Mar Pequeña", en término de la “isla” de Lanzarote. Contratado por Alonso Fajardo, gobernado de Gran Canaria, paso, con su carabela,  a servicio de la corona. Ocupado en el transporte de materiales, a la obra de la Torre, que se hacía en Sta. Cruz, perdió el barco en aguas de la misma Lanzarote, en el marco de guerra con Francia, que omite la historia..

 

Posteriormente, aquel Diego fue alcalde mayor en Gran Canaria, cesado en 1499, porque aprovechando juicio de residencia,  acreedor descontento la acusó de abuso de autoridad, al no haber pagado censo en azúcar, a cambio del cual adquirió tierras y cañaverales en Telde.

 

Según la historia oficial, el introductor de la caña de azúcar en la Antillas fue Colón, llevando platones en su segundo viaje, de 1493. En cuanto a la introducción en Gran Canaria, se ubica categóricamente en 1494. Sin embargo está documentado  que Alonso Fernández de Lugo, propietario aguas,  tierras de cañas e ingenio, recibidos en el “repartimiento”  de Pedro de Vera, tras la conquista de la isla, en 1480, en 1489 fue demandado por el jurado Pedro Fernández, por deuda de 2.400 @ de azúcar. Al abundar en la isla,  el azúcar reemplazaba a la moneda.

 

Basta contemplar la orografía de Gran Canaria, para comprender que la escasez de agua y ausencia de ríos, hace imposible el cultivo de la caña de azúcar. Y la ausencia de montes, complicado abastecer de leña los ingenios.